Somos un Movimiento Internacional dentro de la Iglesia Católica, en la búsqueda de Justicia e igualdad para mujeres y hombres en la inclusividad según la propuesta de Jesús de Nazaret

23 DE DICIEMBRE DE 2010

Hace casi cincuenta años, en 1963, analizando los signos de nuestro tiempo el
Papa Juan XXIII constató en su encíclica Pacem in terris (sobre el
establecimiento de la paz en la verdad, la justicia, la CARIDAD y la libertad) :
La mujer ha adquirido una conciencia cada día más clara de su propia dignidad
humana. Por ello no tolera que se la trate como una cosa inanimada o un mero
instrumento; exige, por el contrario, que, tanto en el ámbito de la vida
doméstica como en el de la vida pública, se le reconozcan los derechos y
obligaciones propios de la persona humana. (41)
La ordenación se celebró en las catacumbas. Porque hoy como en los tiempos de la
Iglesia primitiva el Imperio Romano ha publicado edictos y lanzado el anatema
sobre quienes creen en la Buena Nueva de la Liberación de los y las Oprimidas y
quieren construir un mundo en el que “ya no hay ni Judío ni griego, no hay ni
señor ni esclavo, no hay ni varón ni mujer; pues todos y todas sois uno en
Cristo Jesús” (Gal 3:29) Porque hoy como en los días de la Iglesia primitiva el
Imperio Romano se siente amenazado por las comunidades nacientes de quienes
siguen las enseñanzas de Cristo y obran por superar estructuras institucionales
pecaminosas por sacralizar la discriminación de género.
La ordenación se celebró en las catacumbas. Porque hoy como en los tiempos de la
Iglesia primitiva es en las catacumbas donde se reúnen los y las feligreses para
crear comunidad y celebrar que DIOS está con nosotras y nosotros en nuestra vida
de cada día. Es en pequeñas Iglesias de casa que se reúnen para partir el Pan en
memoria del Ungido que nació en un establo y murió como un paria. Porque hoy
como en los tiempos de la Iglesia primitiva es en las catacumbas que buscan
PROTECCIÓN de la ira de aquellos que detentan el poder el cual se complacen en
desplegar en el circo con gran pompa y esplendor.
La ordenación se celebró en las catacumbas. Porque la recién ordenada fue ungida
para un ministerio renovado: un ministerio de inclusión y empoderamiento que
buscará animar a cada bautizado y a cada bautizada (y más allá del bautizo a
toda persona que anhele encontrar el sentido de su vida) a estar a la altura de
la dignidad que Dios le dio y a asumir responsabilidad por su propia vida
espiritual y por la vida de su comunidad. Un ministerio que visibilice el rostro
femenino de Dios Padre y Madre que nos creó a imagen y semejanza suyas,
creándonos como varón y mujer, según relata Génesis (1:27). Un ministerio de
unidad en la Fe que en este mundo globalizado de fronteras cerradas, visas
rechazadas, migraciones ilegales y situaciones humillantes de ciudadanías de
segunda y tercera clase será testimonio de acogida: sin “visas de denominación
religiosa”, así como de hospitalidad sin fronteras de raza, clase, estado civil,
orientación sexual, edad, etc… para poner en práctica la enseñanza de Cristo que
murió para que todas y todos – sin excepción – tuvieran vida y la tuvieran en
plenitud (Jn 10:10)
Esta ordenación es válida, porque fue otorgada mediante la imposición de las
manos en sucesión apostólica. Sin embargo es contra legem, viola la Ley canónica
vigente que estipula: “Solo el varón bautizado recibe válidamente la sagrada
ordenación” (can 1024). Pero basta con abolir este canon 1024 pecaminoso, creado
por hombres, para que esta ordenación sea legal, y para que la institución de la
iglesia católica romana empiece a ponerle fin a la sacralización de la
discriminación de género.
Anhelando y alegrándose desde ya, que llegue ese día, esta ordenación constituye
una trasgresión, una trasgresión profética. Se trata de la VIOLACIÓN de una ley
injusta, en el espíritu de Cristo quien al curar a los enfermos el sábado
enseñaba que la Ley estaba hecha para el ser humano y no el ser humano para la
Ley (Mc 2:27)
Esta ordenación constituye una trasgresión profética que compagina con la
tradición de las transgresiones proféticas tan características para nuestra fe.
El Todopoderoso siempre elige a los y las impotentes, rechazados, rechazadas y
parias, a los y las humildes y empobrecidas para mostrar su gracia y
misericordia. DIOS no respeta el estatus social ni las instituciones o
tradiciones que son obra de los hombres, como recuerda Jesús citando al profeta
Isaías (Mc 7:8-9).
Las amenazas y los anatemas de la cúpula del poder en la Iglesia católica romana
logran cada día menos intimidar a las mujeres que en Europa, Estados Unidos y
Canadá están en número creciente respondiendo “SI” al llamado que han recibido
de Dios para atender a las necesidades espirituales de su pueblo, desatendidas
por falta de obreros en la Viña del Señor.
Hoy como en los tiempos de la Iglesia primitiva, Dios está llamando a las
mujeres a servir. Las Febes, Priscas, Apollonias, Teklas, Junias y demás de hoy
que Pablo ya menciona en sus cartas, están creando comunidad, reuniéndola en sus
casas o llevándoles la Buena Nueva del Amor de Dios a los hospitales,
ancianatos, barrios empobrecidos, cárceles, escuelas, chozas, y demás lugares
olvidados en donde ejercen su ministerio y en donde las comunidades y las
personas las acogen con gratitud y las llaman para sentirse recordadas por Dios,
para recobrar su dignidad de hijas e hijos del Creador.
Estas mujeres ven en María su gran ejemplo: aquella mujer que aceptó valiente el
llamado de Dios a traer al mundo a su Hijo, aunque significara la trasgresión de
la Ley. Pues María aun no estaba casada. Aquella mujer que al contemplar a Jesús
entre sus brazos en el miserable establo de Belén pudo pronunciar, maravillada,
por primera vez las palabras eucarísticas: “Esta es carne de mi carne!” – Y:
“Esta es sangre de mi sangre. Servirá para el perdón de los pecados.” María,
quien junto con las otras mujeres acompañó a Jesús en su pasión y muerte, cuando
los discípulos varones se habían escondido, dominados por el temor y la
cobardía. María alrededor de quien, después de la Ascensión del Resucitado, se
encontraban reunidos los discípulos en el cenáculo cuando bajó el Espíritu Santo
como en una segunda Anunciación, naciendo entonces la Iglesia.
Y cada día va creciendo el número de varones que reconocen la legitimidad del
llamado que Dios les ha hecho a estas mujeres y la legitimidad de su ministerio.
Entre estos también ya se cuentan muchos miembros del clero que asienten en voz
baja, pero aun son solo pocos los que han superado el temor frente al terror de
Roma y se pronuncian en voz alta. Son aquellos que comprenden que la
discriminación de las mujeres en el sacramento de la ordenación es una
profanación y desfiguración del Cuerpo de Cristo. Son aquellos que asumen que al
solidarizarse públicamente con sus hermanas se les excomulgue. Porque Roma
considera – como lo dejó plasmado en un reciente edicto – que al APOYAR la
ordenación de la mujer han cometido uno de los crímenes más graves, junto con el
de la pederastia. Aunque para Roma el pecado de la pederastia no merezca una
pena tan grande como la solidaridad con las mujeres: la excomunión. Mientras el
acto pederasta es un pecado contra un Hijo o una Hija de Dios, el apoyo brindado
a la ordenación de una mujer es un “pecado” contra la institución.
Pero si bien el acto pederasta siempre será una gravísima ofensa llegará el día
en que Roma admita que las mujeres, por quienes Jesús también murió en la cruz,
y que por lo tanto también pueden ser bautizadas y recibir la Eucaristía,
también pueden ser llamadas por Dios a recibir el sacramento de la ordenación.

http://catolicasporelderechoadecidir.net/noticia.php?idn=295

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