Somos un Movimiento Internacional dentro de la Iglesia Católica, en la búsqueda de Justicia e igualdad para mujeres y hombres en la inclusividad según la propuesta de Jesús de Nazaret

Archivo para agosto, 2014

¿POR QUÉ TE HICISTE CURA, EN ESTOS TIEMPOS…? Olga Lucia Álvarez Benjumea ARCWP*  

 

…en medio de tanto descredito?

Buena pregunta. Porque amo a la Iglesia, me duele la Iglesia, me duelen mis hermanos y hermanas, que sufren en silencio, abatidos por la baja autoestima, el temor y el miedo.

 Ser sacerdote, no es un honor, es ser más EXIGIDO, con todas sus consecuencias.

Es vivir intensamente aquel:

“El espíritu del Señor está sobre mi, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a liberar a los oprimidos”. (Lucas 4:18)

Es dar el empoderamiento al laico, en aquel asumir la responsabilidad del ser de Iglesia! Es sentir que la Iglesia vibra en tus venas! Es proteger la Iglesia, es rescatar la Iglesia. Es hacer que todos nos sentimos útiles en la Iglesia. Decía un joven que fue invitado por su abuela a ir misa, al templo: “No, abue, eso no me divierte, además allá no me necesitan”

¿Pero, en estos tiempos, cuando todo está tan cuestionado?

Si precisamente en estos tiempos, es cuando más se necesita el ministerio sacerdotal. Lo pide la Iglesia, lo busca la Iglesia. No la iglesia jerárquica, la Iglesia Pueblo de Dios!

El mensaje liberador de Cristo, su Evangelio, no puede seguir siendo el “evangelio” del miedo, del terror, del castigo, del silencio, del sufrimiento, el aguante…

En el sacerdocio, del servicio, no se encuentra el poder y la autoridad dictatorial y totalitaria.

¿Y las vestimentas, que son toda una historia del imperio romano?

 

Para el ejercicio en la labor del ministerio sacerdotal, solo se necesita, colocar a disposición de dicho servicio, todo nuestro ser integrado; espíritu-cuerpo: cabeza,  cuerpo, las manos, los pies, saber escuchar, para atender al hijo/a de Dios en necesidad, y celebrar con ellas/os la vida:

“Esto es mi cuerpo entregado por ustedes; hagan esto en memoria mía…Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; cuantas veces beban de él, háganlo en memoria mía” (I Corintios 11:24-25)

 

Es elevar nuestra dignidad como hijas e hijos de Dios, elevar nuestra autoestima en su dignidad divina, y servir al prójimo como lo hizo la suegra de Pedro, una vez liberada de su fiebre y baja autoestima a que estaba sometida, es aquel: “ven”; en voz baja: “tu eres importante, tu vales”!:

“Entonces, Jesús, inclinándose sobre ella, mandó (=ordenó)  a la fiebre que saliera y se le quitó. La mujer se levantó inmediatamente y se puso a servirlos” (Lucas 4:39)

Es la fuerza liberadora y sanadora de la Palabra, que se da a conocer en el  servicio sacerdotal y se impone como en las bodas de Caná:

“Hagan lo que él les diga” (Juan 2:5)

 

Es la Palabra de Dios entendida de manera inclusiva, sin racismo, sin sexismo, sin rechazos, capaz de hacer que el Amor del Dios, nos arrope a todas/os, y no solo a los “preferidos”, seleccionados y escogidos:

“…la mujer era pagana y siro fenicia de origen… Vete, por eso que tu has dicho, el demonio ha salido de tu hija” (Marcos 7:26-29).

 

El ministerio sacerdotal y su servicio, no es competencia, ni de templos, ni de altares, ni ropaje, ni titulos:

“No he venido a ser servido, sino a servir” (Mateo 20:28)

*Presbitera Católica Romana
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