Somos un Movimiento Internacional dentro de la Iglesia Católica, en la búsqueda de Justicia e igualdad para mujeres y hombres en la inclusividad según la propuesta de Jesús de Nazaret

mujeres en la iglesia católica las presbíteras piden que las dejen proclamar la palabra de jesús

Mujeres en la iglesia católica
las presbíteras piden que las dejen proclamar la palabra de Jesús

Carlos Morales Peña
cmorales@eldeber.com.bo
12/04/2015

Forma parte del movimiento de mujeres sacerdotes que ya ha consagrado a 210 presbíteras en todo el mundo. Junto a otras cuatro colombianas, Olga Lucía Álvarez es una de las primeras sacerdotes de América Latina que desafía a la curia romana. Ejerce su ministerio en la ciudad de Medellín, y trabaja con familias de desaparecidos en la guerra civil en Colombia. Espera que el papa Francisco profundice las reformas en la Iglesia que otorguen mayor participación para las mujeres. Habló con EL DEBER en exclusiva cuando se preparaba para celebrar la Pascua de Resurrección.

_¿De dónde surge su vocación sacerdotal?
Pertenezco a una familia católica. He recibido la formación de la fe y de los principios cristianos en mi casa con mi madre, con mis tías y con mis abuelas. Eso lo aprendí de ellas. Siento que mi vocación partió desde el momento en que entendí mi bautismo. Desde que estaba pequeña, con mis hermanos, decíamos misas en la casa. Hacíamos pequeños altares, hacíamos las procesiones y jugábamos con los vecinos. Esa era nuestra entretención principal.

_¿Ud. se siente plenamente católica, pese a las críticas?
Por supuesto. Yo no he renunciado, ni mis compañeras, al bautismo, que nadie nos lo puede quitar. La Iglesia es nuestra casa, amamos la Iglesia. Y para ella trabajamos. Hemos sido ordenadas presbíteras al servicio del pueblo de Dios.

_El Vaticano y el clero oficial de la Iglesia rechazan estas ordenaciones de mujeres, incluso, las ha excomulgado. ¿Cómo ve Ud. esta posición?
Entendemos que la jerarquía eclesiástica hecha presente a través de los hombres no nos acepta. El canon 1024 de la Constitución de la Iglesia dice que solamente los hombres bautizados pueden ser sacerdotes. Nosotras nos preguntamos, ¿es diferente el agua con que bautizan a los hombres de la que utilizan para bautizar a las mujeres? Ese canon no tiene justificación. Que Jesucristo no ordenó mujeres, dice la curia. Es que Jesucristo tampoco ordenó sacerdotes hombres. Que es el varón el único representante de Dios en la Tierra, señalan. No. Las mujeres también somos hijas de Dios y hemos sido creadas a su imagen y semejanza, igual que los varones.

_Entonces, este canon que Ud. menciona, ¿forma parte de un sistema patriarcal que está plenamente vigente en la Iglesia católica?
Efectivamente. Esto corresponde a un pecado que se llama sexismo. La cúpula de la Iglesia católica es sexista y margina a las mujeres. Nosotras nos sentimos así y queremos una Iglesia inclusiva. No nos referimos a la Iglesia pueblo de Dios, sino a la Iglesia jerárquica. La gente nos acepta plenamente y entiende de qué estamos hablando. El pueblo, así nos lo dicen, no entiende por qué no tenemos mujeres sacerdotes.

_¿En qué preceptos bíblicos o normativos se asientan para defender su postura?
Primero, que hemos sido creadas a imagen y semejanza de Dios. En ese sentido, no hay diferencia con el varón. No la sentimos. La diferencia está en el sexo, en el género, que se necesita en la Tierra. Pero, en el cielo, todos, hombres y mujeres son espíritu.

_¿Imagina la posibilidad de que haya no solamente sacerdotes mujeres, sino también obispos, cardenales y papas mujeres?
Entre nosotros tenemos el sacerdocio y el episcopado. Estamos conscientes de que, ser sacerdotes, es un servicio, no un sistema de poder. Cualquier otra categoría que aparezca la consideramos una reafirmación del sacerdocio, una reafirmación del servicio, mas no del poder.

_Pero si considera el pontificado como un servicio tal como dice Francisco, ¿podríamos tener un papa mujer?

Así es. Estoy plenamente de acuerdo en la forma en que está llevando adelante la Iglesia el papa Francisco. Él es un hombre del Evangelio. Según como se viva el Evangelio vamos a producir cambios profundos en la Iglesia de Cristo.

_El papa Francisco ha planteado un cambio en la forma cómo se ve y se trata a la mujer en la Iglesia. ¿Ud. siente que hay un cambio?
Notamos un cambio importante. Francisco nos invita a vivir el Evangelio, con eso es suficiente. El anuncio del Evangelio no puede ser un monopolio de los varones. La palabra no puede estar secuestrada. El espíritu del Señor está sobre todos y sobre todas nosotras. Eso no quita reconocer que a Francisco le va a ser muy difícil hacer cambios porque tiene encima una curia romana muy fuerte. Francisco vive radicalmente y tenemos que darnos cuenta del desafío que él nos está planteando a hombres y mujeres.

_¿Cómo hace una presbítera para llevar adelante su mandato evangélico en medio de la cultura del machismo?
Nuestra formación no es de seminario. Quien quiera profundizar la palabra, nosotros tenemos varias universidades (en Estados Unidos y Canadá) donde se realizan estudios bíblicos y teológicos. Nosotras venimos formadas de universidades donde se nos ha diplomado en teología y en escrituras. Nuestra pastoral nace desde las casas de los creyentes, desde las familias. Las madres nos han enseñado a servir.

_¿Cómo es el ejercicio del sacerdocio en un país como Colombia, todavía influenciado fuertemente por la ideología del machismo, como ocurre en gran parte de América Latina?
La Iglesia oficial dice que nosotras no somos católicas y que les hemos usurpado sus ornamentos. Pero no nos sentimos maltratadas. No tenemos templos. No nos interesan las edificaciones. No cuidamos ladrillos. Nosotras vamos a donde la gente nos necesita y pide nuestros servicios. El común de la gente nos acepta. Lógicamente, hay personas que incluso nos han quitado el saludo. Son muy pocas las personas que nos rechazan.

Nuestro testimonio no es de escándalo, sino de vivencia del Evangelio. Las resistencias a nuestra forma de vivir el Evangelio provienen de la jerarquía de la Iglesia y de algunas minorías intolerantes que reproducen estas visiones patriarcales. La jerarquía dice que estamos excomulgadas cosa que nosotras no aceptamos. Pero no sentimos que nos estén atacando. No aceptamos las excomuniones porque no hemos renunciado a nuestro bautismo ni a nuestra Iglesia.El apoyo de la comunidad que demanda nuestros servicios es para nosotras suficiente.

_Ud. forma parte de las primeras cuatro mujeres presbíteras en América Latina. ¿Espera que este movimiento se expanda en nuestra región?
Dentro de la eclesiología de América Latina creemos que nuestra misión tiene una dimensión profética y apostólica. No podemos confundir la eclesiología con el sentido de la Iglesia. Esto lo reafirma el filósofo y teólogo Víctor Codina que tiene una tesis especial sobre este fenómeno. Tenemos varias solicitudes de jóvenes latinoamericanas que quieren ser sacerdotes y pertenecer a nuestro movimiento. Ya son 210 mujeres sacerdotes en el mundo. La gente ya comienza a entendernos y conocernos, y quieren impulsar a otras mujeres a ser presbíteras como servicio al pueblo de Dios. No hemos recibido ninguna solicitud todavía de Bolivia, pero sí de Brasil, Venezuela y México.

_¿Cuál es el lugar de la mujer en la Iglesia católica? Desde María, la madre de Jesús, las mujeres han tenido papeles fundamentales. Pero, ¿cuál es el lugar que ocupan las mujeres hoy en el catolicismo?
El lugar de la mujer dentro de la Iglesia católica es dar a conocer la presencia de la divinidad de Dios Padre y Madre en cada persona. Cuando cada persona descubra esa presencia divina aprenderemos a respetarnos unos a otros. Mientras se nos hable de un Dios de miedo, de pánico y de represión, no será posible encontrar esa divinidad. No se puede encontrar a Dios en el temor y en el pánico.

Este encuentro solo es posible por una acción de gracia. Por eso, la eucaristía es una acción de gracias en donde hombres y mujeres estamos invitados e invitadas para darla a conocer y para enamorarnos de esa divinidad. Eso nos daría paz, salud y prosperidad. Nosotros defendemos y hablamos de una divinidad que tiene que ver con la vida. Y buscamos mostrar el rostro femenino de Dios, para no tenerle miedo a esa divinidad. Cuando conozcamos esta otra parte, las cosas serían diferentes. Ese rostro femenino de Dios, hoy, está invisibilizado en la Iglesia católica. Desde la época de la conquista española.

En América, muchos indígenas tenían un concepto totalmente distinto de la divinidad. Sus cultos eran de alabanza, de gloria. Desde la colonia nos han enseñado una religión de temor y de pánico. Hay que recuperar la ternura de la divinidad en hombres y mujeres.

_¿Hay una ideología que no permite mostrar el rostro de la mujer en la divinidad?
Muchos sacerdotes han sido separados de la Iglesia porque se casaron y hoy son esposos de las mujeres presbíteras. Para nosotros, caminar juntos entre hombres y mujeres es una riqueza. El celibato tiene que ser opcional. El celibato es antinatural. De hecho, varias compañeras sacerdotes tienen sus esposos y sus hijos. Algunas han casado a sus propios hijos y bautizado a sus nietos.

_¿Cómo es su caso personal? ¿Ud. tiene esposo?
Yo no estoy casada. Todo el tiempo he trabajado con la Iglesia. Estuve muy cerca de los obispos. Fui secretaria en la Segunda Conferencia Episcopal Latinoamericana que se hizo aquí en Medellín en 1968. Mi formación la recibí fundamentalmente del obispo Gerardo Valencia Cano que nos lanzaba a atravesar ríos y montañas y trabajar solas. La primera santa colombiana también fue atacada por la jerarquía y otras mujeres también lucharon por una Iglesia más humana.

_¿Ud. se identifica con el legado de Sor Juana Inés de la Cruz?
Nos identificamos con ella y con otros personajes que han sido místicos y proféticos que históricamente lucharon por otra Iglesia. Nosotros reconocemos la labor de Theodora Guerin y Mary Mackillop que fueron excomulgadas por abrir escuelas populares y por denunciar los abusos sexuales en la Iglesia.

El ministerio de las mujeres en la Iglesia tiene a Ludmila Javorova como uno de los paradigmas de esta Iglesia liberadora porque no renunció a su apostolado pese a que se lo había solicitado el papa Juan Pablo II. A partir de ella es que aparecen las primeras mujeres presbíteras en la región del Danubio. Ellas ayudaron a conservar y guardar la fe en los países de la Cortina de Hierro que estaban oprimidos por las dictaduras comunistas

http://www.eldeber.com.bo/especiales/olga-lucia-alvarez-buscamos-mostrar.html

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