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Archivo para febrero, 2017

VATICANO: Novedades desde Santa Marta. Puertas abiertas a las mujeres sacerdotes

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El 2 de agosto del 2016 el papa Francisco instituyó una comisión para estudiar la historia del diaconado femenino, a los fines de una eventual restauración. Algunos vieron en esto un primer paso hacia el sacerdocio de las mujeres, a pesar que el mismo papa Francisco pareció haberlo excluido taxativamente, al responder de este modo a una pregunta en el vuelo de regreso de su viaje a Suecia, el pasado 1 de noviembre (en la foto su abrazo con el arzobispo luterano sueco Antje Jackelen):

“Sobre la ordenación de mujeres en la Iglesia Católica, la última palabra clara fue pronunciada por san Juan Pablo II, y ésta permanece”.

Pero al leer el último número de “La Civiltà Cattolica”, la cuestión de las mujeres sacerdotes aparece muy lejos de estar cerrada. Más bien, aparece abiertamente.

“La Civiltà Cattolica” no es una revista cualquiera. Por estatuto, cada una de sus líneas es impresa con el control previo de la Santa Sede. Pero además está el estrechísimo vínculo confidencial que existe entre Jorge Mario Bergoglio y el director de la revista, el jesuita Antonio Spadaro.

Quien a su vez tiene su colaborador de más confianza en el vice-director Giancarlo Pani, también él jesuita, al igual que todos los escritores de la revista.

Ahora bien, en el artículo firmado por él y que abre el último número de “La Civiltà Cattolica”, el padre Pani hace pedazos tranquilamente precisamente “la última palabra clara” – es decir, el no claro y tajante – que Juan Pablo II pronunció contra el sacerdocio de las mujeres.

Para ver de qué manera lo hace, no queda más que releer este pasaje del artículo, justamente dedicado a la cuestión de las mujeres diaconisas, pero del cual vislumbra una señal para tener esperanzas también en la cuestión de las mujeres sacerdotes.

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NO SE PUEDE SÓLO RECURRIR AL PASADO

por Giancarlo Pani S.I.

[…] En la solemnidad de Pentecostés de 1994 el papa Juan Pablo retomó, en la Carta Apostólica “Ordinatio sacerdotalis”, el punto de llegada de una serie de anteriores intervenciones magisteriales (entre ellas “Inter insigniores”), concluyendo que Jesús ha elegido solamente hombres para el ministerio sacerdotal. En consecuencia, «la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres. Este dictamen debe ser considerado como definitiva por todos los fieles de la Iglesia».

El pronunciamiento era una palabra clara para todos los que consideraban que podían discutir el rechazo de la ordenación sacerdotal de las mujeres. Sin embargo, […] poco tiempo después, luego de los problemas suscitados no tanto por la doctrina cuanto por la fuerza con la que era presentada, se planteaba un interrogante a la Congregación para la Doctrina de la Fe: la “Ordinatio sacerdotalis” puede «ser considerada como perteneciente al depósito de la fe?». La respuesta fue «afirmativa», y la doctrina ha sido calificada como “infallibiliter proposita”, es decir, «se la debe mantener siempre, en todas partes y por todos los fieles».

Las dificultades de recepción de la respuesta creó «tensiones» en las relaciones entre Magisterio y Teología por los problemas vinculados. Éstos son relevantes a la teología fundamental respecto a la infalibilidad. Es la primera vez en la historia que la Congregación apela explícitamente a la Constitución “Lumen gentium”, n. 25, donde se proclama la infalibilidad de una doctrina porque es enseñada para que se la considere como definitiva por los obispos dispersos en el mundo, pero en comunión entre ellos y con el sucesor de Pedro.

Además, la cuestión roza la teología de los sacramentos, porque se refiere al sujeto del sacramento del Orden Sagrado, que tradicionalmente es justamente el hombre, pero no toma en cuenta los desarrollos que en el siglo XXI han tenido la presencia y el rol de la mujer en la familia y en la sociedad. Se trata de dignidad, de responsabilidad y de participación eclesial.

El hecho histórico de la exclusión de la mujer del sacerdocio por el “impedimentum sexus” es innegable. Pero ya en 1948, mucho antes de las disputas de los años sesenta, el padre Congar hacía presente que «la ausencia de un hecho no es criterio decisivo para concluir siempre prudentemente que la Iglesia no puede hacerlo y no lo hará jamás».

Además, agrega otro teólogo, «el “consensus fidelium” de muchos siglos cuestionado en el siglo XX, sobre todo a causa de los profundos cambios sociales-culturales que han afectado a las mujeres. No tendría sentido sostener que la Iglesia debe cambiar sólo porque han cambiado los tiempos, sino que sigue siendo verdad que una doctrina propuesta por la Iglesia reclama ser comprendida por la inteligencia creyente. La disputa sobre las mujeres podría ser puesta en paralelo con otros momentos de la historia de la Iglesia; en todo caso, en la cuestión del sacerdocio femenino son claras las “auctoritates”, es decir, las posiciones oficiales del Magisterio, pero muchos católicos se esfuerzan para comprender las “rationes” de opciones que, más que expresión de autoridad, parecen significar autoritarismo. Hoy hay malestar entre quienes no llegan a comprender cómo la exclusión de la mujer del ministerio de la Iglesia puede coexistir con la afirmación y la valoración de su igual dignidad». […]

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A juicio de “La Civiltà Cattolica”, entonces, no sólo se ponen en duda la infalibilidad y el carácter definitivo del “no” de Juan Pablo II a las mujeres sacerdotes, pero más que este “no” son válidos “los desarrollos que en el siglo XXI han tenido la presencia y el rol de la mujer en la familia y en la sociedad”.

Estos desarrollos – prosigue el razonamiento de la revista – hacen ahora incomprensibles las “rationes” de las prohibiciones “que, más que expresión de autoridad, parecen significar autoritarismo”.

En otras palabras, el hecho que la Iglesia Católica no haya tenido jamás mujeres sacerdotes no impide que las haya en el futuro:

“No se puede recurrir siempre al pasado, como si solamente en el pasado hay indicaciones del Espíritu. También hoy el Señor guía a la Iglesia y sugiere asumir con valentía perspectivas nuevas”.

Y Francisco es el primero que “no se limita a lo que ya se conoce, sino que quiere adentrarse en un campo complejo y actual, para que sea el Espíritu quien guíe a la Iglesia”, concluye “La Civiltà Cattolica”, evidentemente con el imprimatur del Papa.

(Traducción en español de José Arturo Quarracino, Temperley, Buenos Aires, Argentina)

http://magister.blogautore.espresso.repubblica.it/2017/02/07/novedades-desde-santa-marta-puertas-abiertas-a-las-mujeres-sacerdotes/

ENCUENTRO DE CANDIDATAS AL PRESBITERADO. OLGA LUCIA ALVAREZ BENJUMEA. ARCWP*

REPORTE GRÁFICO Y COMENTARIOS. ENCUENTRO DE CANDIDATAS AL PRESBITERADO.

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Desde hacia días, sentíamos la necesidad de reunirnos, el llamado, ya estaba insistiendo demasiado, y había que atenderle y escucharlo. Cada una fuimos contando la historia de ese “misterioso” llamado, de  CONCIENCIA, que nos viene impreso desde el Bautismo. Fue una gozada reafirmanos en nuestra identidad, compartiendo los sitios de donde veníamos, nuestros valores, costumbres y nuestras experiencias de vida, como mujeres, en la búsqueda por la equidad y la justicia según el Evangelio.

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Veníamos de diferentes lugares: Vengo de la tierra del Sol, Sogamoso! Donde la luz del día no se cansa de alumbrar. Tantas historias linda guarda este hermoso sitio, asi como su hermoso Templo al Sol de nuestros Muiscas y la Laguna de Tota con Siramena la primera mujer sacerdote celebrando con el sacerdote Monetá.

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Vengo de Funza,  que quiere decir: “Varón poderoso”. Allí estaba la cabecera del cacicazgo de Bacatá, gobernada por el Zipa, “principe Muisca”. Hermosa región limitando con la zona de reserva, sitio de recreo del Zipa.

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Vengo de la “Bella Flor de la Sabana”, Madrid-Cundinamarca, antigua Sagasuca. Allí vivió con su familia un indio llamado Sagasuca y de ahí el nombre de Pueblo de los indios de Sagasuca.

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Vengo de Bosa. importante poblado muisca, donde vivía Techotiva, su nombre quiere decir en lengua muisca: “cercado del que guarda y defiende las mieses. En su historia se nos narra el final del reinado de los Zipas, ya que fueron condenados a la horca sin ningún juicio por los conquistadores que se asentaron en esta población.

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Vengo del Quirigua. en realidad no hay mayores datos históricos sobre este barrio. Dicen que su nombre tiene los orígenes de un pueblo Maya en Guatemala, llamado Quiriguá. Es un barrio denso y populoso. Ha crecido mucho al rededor del B. Minuto de Dios.

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Preparando hábilmente el compartir.

Vengo de Baraya.Huila, cuyo nombre quiere decir: “La ciudad del eterno retorno”. Este pueblo lleva el nombre del General Baraya, pero sus primeros pobladores fueron los indigenas Guarocoes y los Nutrios, hasta que se posesionó de sus tierras y se generó la Hacienda de los Reyes del párroco de Neiva, el padre Mario Tadeo de Reyes. Tanto Villavieja, Tello y Baraya eran de dicho sacerdote.

Blanca, preparando un cafecito.

Preparando un cafecito.

Voy llegando de Bucaramanga: Nuestros antepasados  los Guanes. Es una región rica y prospera, marcada por el ansia de la justicia y la libertad en la ruta de Los Comuneros hasta nuestros días.

En la realización de nuestra vocación=nuestro llamado, no dudamos que hay una intervención divina, ella esta manifiesta en nuestra Conciencia a través del Bautismo.

Ha sido emocionante escuchar y compartir el proceso de búsqueda de cada una de las presentes y cómo ha sido la Mano de la Divinidad, que nos ha ido guiando, por caminos toscos, no fáciles de caminar, enredándonos entre malezas, espinas y abrojos.

Estamos felices aceptando correr el riesgo ante el mandato divino, nos lo apropiamos para vivir en el presente : “El Señor dijo a Moisés: Por qué me invocan a gritos?. Ordena a los israelitas que avancen” (Exodo 14:15).

Ese avance, nos significa “tirarnos al agua” sin miedo, porque la Divinidad, nos guía y protege. Avanzamos porque es preciso ser Luz en medio de las tinieblas, dudas y temores. Es preciso, acaso no hemos recibido esa Luz, presente, en el cirio que nos entregaron el día de nuestro Bautismo? Esa Luz, no es para nosotras solamente, esa Luz, no es para colocarla debajo de una mesa. Esa Luz hay que mostrarla, hay que compartirla y encender muchas otras luces a nuestro al rededor, para que la Presencia de la Divinidad se vea y el anuncio de la Buena Nueva brille.

No permitamos que los soplos del egoísmo, la competencia, el rencor, la avaricia, el miedo, apague la Luz Divina, en nosotras y en quienes nos están cerca.

La lectura del Evangelio nos invitaba a reflexionar sobre las bienaventuranzas, empoderandonos en el fortalecimiento de nuestro proyecto de vida como presbiteras al servicio de la Iglesia:

“Porque toda la ley se resume en este solo mandato: Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Gálatas 5:14).

*Presbitera católica.

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