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Archivo para noviembre, 2017

MI VOCACIÓN PRESBITERAL, UNA SEMILLA DE ECLESIA PRIMAVERAL. Olga Lucía Álvarez Benjumea*

 

 

Así como evoluciona una semilla bajo la tierra, así fue reventando y creciendo mi vocación, en medio de piedras, raíces y falta de agua incluida, en lo más profundo de la oscuridad terrenal.

 

Como niña, admiraba el brillo externo de mi parroquia, las vestimentas sacerdotales, el gentío, el toque de las campanas, la música y el incienso, que con su olor y espeso humo, parecía que todo aquel misterio que allí sucedía, en ello lo envolvía.

 

Con mis hermanos, todo aquel culto a lo divino, lo repetíamos jugando. En aquel entonces, mi madre, y una tía, cual  jardineras, no nos enseñaron la discriminación que se percibe en el altar, todos teníamos iguales funciones y nos turnábamos, quien hacía de cura, quien predicaba, quien de monaguillo, quien de fiel observador escuchando…

 

Es en la Catequesis, Escuela y Colegio, dónde aprendo, que el templo y el altar son de manejo exclusivo del varón. Lo confirmé, cuando en una ocasión, quise de manera tímida, sacar mi cabeza para mirar lo que en el interior de la sacristía ocurría, mientras el cura y sus ayudantes se revestían. El Señor Cura, con cara adusta, me indica, que deje de mirar y me retire. Hasta aquí fueron mis “amores”… pues mi abuelo, me cogió del brazo y me entregó a papá, quien me regañó, muy “suavemente”. Aún me duele, porque no era consciente de que estuviera haciendo algo malo.

 

De todas maneras, en todo este proceso de aprendizaje, estaba  aprendiendo que tenía que ir al Cielo y no al Infierno. El camino propuesto no era fácil: cumplir los mandamientos de la Ley de Dios, las Bienaventuranzas, recibir todos los sacramentos, menos uno y medio, por ser mujer. Y sin poder preguntar, si eso me favorecía o no, o cuáles eran las ventajas de esa exclusión.

 

Pasé muchos años en esa nebulosa, de luces y sombras, leyendo la vida de santos y santas para parecerme a ellos. Don Bosco, me fascinaba por la forma como trataba a los jóvenes, (pero yo no podía ser cura). Me impresionaba la lectura de los mártires, primeros cristianos en Roma. Luego, vino la época de la II Guerra Mundial…las historias, de persecución contra los cristianos, los judíos, los homosexuales, los gitanos (el Holocausto) y la Iglesia…lloraba viendo las revistas que llegaban con las imágenes de personajes torturados como el Cardenal húngaro Joseph  Mindszenty. Oraba y sufría por el Papa de mi adolescencia, Pio XII.

 

En ese entonces, todavía no podíamos, leer la Biblia. Era un libro, de fascinante misterio, reservado a los santos y santas, con permiso especial.

 

A pesar de la dureza de la Iglesia, nunca dejé de trabajar en ella. Fui catequista. Qué horror, repitiendo y haciendo repetir, lo que había aprendido. Fui  misionera USEMI (Unión de Seglares Misioneros), quería  salvar almas para el Cielo y de paso la mía. Se terminaba el Vaticano II y empecé a leerlo. Me gustaba. Después trabajé en el CELAM, (1968). Mi mente y mi corazón tomaban cada vez más oxigeno eclesial, lo disfrutaba y gozaba. Mi formación espiritual la debo a M. Gerardo Valencia Cano. Trabajando con él, en Buenaventura, me envía a Bogotá, a lo que hoy se conoce como el Servicio Colombiano de Comunicación Social, donde sigo creciendo en mi libertad, no sólo con los documentos que pasan por mis manos, sino por la práctica y ejercicio de la Teología de la Liberación en el campo y sector popular. Eran los albores, hace 50 años de los Documentos de Medellín…

 

Con la información y reflexión que venía haciendo, fui madurando a despertar en el aprendizaje y conocimiento de la Biblia. Dejaron en mi alma, huellas profundas, el contacto y formación con dos grandes mujeres: Graciela Melo (q.e.p.d.) y Alicia Winter, ambas teólogas feministas, la una católica, y la otra presbiteriana. Ambas me generaron el apetito por conocer y desmenuzar la Biblia, con ojos de mujer. Entro a formar parte del CEDEBI (Colectivo Ecuménico de Biblistas) y la Comisión de Mujeres de la CRC (Conferencia de Religiosos de Colombia) desde donde disfrutábamos, el desentrañar el mensaje bíblico.

 

Mi vocación presbiteral, como semilla primaveral, recién empezaba a reventar.  Fueron las lecturas: de las parteras de Egipto, descubrir a Sara, Lea, Dina (hija de Jacob) Débora, Judith, la profetisa Huldá, Nohemí y Ruth, Esther, la mujer descuartizada, la madre de Sansón, las abuelas de Jesús… Las mujeres del N.T… éstas, más conocidas, me vinieron como el mejor abono, para el germinar de mi llamado.

 

De todas ellas, aprendí a recoger sus experiencias de vida. Conocían las costumbres, normas, leyes, las  violaban o cumplían, haciéndolas efectivas. Muchas, en el anonimato, el escritor sagrado las “olvida”, pero sus lecciones, hasta por el mismo Cristo, fueron aprendidas (la mujer sirofenicia, Marcos 7:14-30; la samaritana  Juan 4:1-42).

 

Me emocionaba descubrir, confirmar que con fe, oración, reflexión y sabiduría, presentes en el desarrollo del proceso, la Iglesia, la sociedad y la cultura, pueden cambiar sus estructuras; no es acabar con ellas, pero sí darles mantenimiento y fijar nuevos rumbos para que se desarrollen, florezcan y den fruto, y no se queden solo en mero ramaje.

 

El análisis de la realidad afloraba cada vez más, diagnosticando que algo faltaba. Pero ¿cómo?, ¿qué hacer?. El hierro y el cemento que se había puesto sobre la tierra, es pesado y la semilla no puede reventar!.  La cúpula, a pesar de sus hermosos vitrales, impide que llegue a la semilla la luz del Sol.

 

Es cuestión de tiempo. Del Cielo, cae y cae lluvia, deteriorando estructuras y cemento, hasta calar las piedras. Una gota de agua se cuela y llega hasta mi semilla. Es ella, Elfriede Harth (colombo-alemana) quien escuchó, acerca de mi búsqueda e inquietudes para atender mi llamado. Me narra la historia de Ludmila Javoroba (presbítera católica romana, checa 1970), llegando hasta las del Danubio y al Movimiento Presbíteras Católica Romanas. Eso, me era ¡imposible! Sonaba a música fuera de cuerda. ¿Será otra secta? Por algún tiempo, el hecho quedó grabado, guardado en mi corazón. Seguí investigando por mi cuenta…y conociendo experiencias.

 

Después de pensarlo, pedí a Elfriede, ponerme en contacto con la obispa Patricia Fresen (alemana). Me gustaba,  su historia, como ex-religiosa Dominicana: “contemplación-acción”. Patricia, me responde y pone en contacto con mis hermanas americanas, a las que desde hace 8 años, me uní a vivir esta experiencia primaveral dentro de la Iglesia.

 

Dios llama a mujeres y hombres, no importa la edad, etnia, color, nacionalidad, ó genero.  ¿En qué parte del proceso va el desarrollo de tu experiencia en esta primavera eclesial?  ¿Te atreves a vincularte a ella?

 

*Presbítera católica romana.

MI SACERDOCIO NO TENDRIA VALIDEZ, SIN MI BAUTISMO Y COMUNIDAD. Olga Lucia Álvarez Benjumea *

https://evangelizadorasdelosapostoles.wordpress.com/2017/11/22/mi-ministerio-sacerdotal-no-tendria-validez-y-sentido-sin-mi-baustimo-y-comunidad-olga-lucia-alvarez-benjumea-arcwp/

ARCWP. CELEBRANDO EL SÉPTIMO ANIVERSARIO DE MI PRESBITERADO. Olga Lucia Álvarez Benjumea*

En Sarasota, Fl. el 11 de noviembre / 2010 hice pública, nuevamente mi vivencia bautismal, en presencia de la Divinidad y de la Comunidad, que me acompañaba.

¿Qué he aprendido de mí que me ha enseñado mi comunidad y mi pueblo, en estos 7 años?

  1. No ser prepotente, ni creerme más que los demás por ser una presbítera consagrada al servicio de los más necesitados.
  2. Me anima cada vez más al rescate del Evangelio, anunciando dignamente y con honestidad.
  3. Reafirmar en el que, no estoy en competencia con el clero masculino.
  4. Me reafirmo en el no ser clerical, en actitudes, ni vestimentas.
  5. Mi ministerio, es un anuncio dentro de la Iglesia como mujer presbitera, sin fanatismo y sin fundamentalismo.
  6. Hacer la Eucaristía siempre el anuncio de ser y dar vida.

Mi ministerio, desde mi diaconado, presbiterado y episcopado, con la ayuda de la Divinidad, con el apoyo de las comunidades a las que acompañó, deseo y quiero que el mar siempre fuera de servicio a los más necesitados, marginados, excluidos, abandonados y despreciados.

“Todo es tuyo, mi dios y lo que es tuyo, te damos” 

En Bonn acompañando la marcha contra el carbón.

 

Erftstadt-  Liblar,  11 de noviembre de 2017

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