Somos un Movimiento Internacional dentro de la Iglesia Católica, en la búsqueda de Justicia e igualdad para mujeres y hombres en la inclusividad según la propuesta de Jesús de Nazaret

 

Comparto con ustedes una linda experiencia pastoral en mi ministerio como presbitera. Una experiencia en Casa-Iglesia.

Anoche, he sido invitada a ser testiga, de la bendición del amor,de una pareja. Nos reunimos en casa de la abuela Tulia y el abuelo Bernardo, ellos congregaron a su familia; sus hijos, nietos, primos, cuñados, yernos y sobrinos.

La liturgia, cantos, lecturas y el altar, todo lo arreglaron los hijos de la pareja que querían celebrar su amor, en familia. La idea salió de los hijos y esto me hizo recordar la historia de una niña (Maria Carolina) quien mirando el albúm de la familia,  se pone a llorar, le preguntan que pasó? Ella, responde mirando las fotos del matrimonio de su papá y mamá: “¿Por qué, a mi no me invitaron?”…

Son los hijos, los que sostienen el amor en la familia. No una, ni dos, sino siempre hay que estar renovando la bendición del amor, entre las parejas. Juan Esteban y Alvaro, (hijos) han sido los promotores de esta linda ocurrencia.

Los laicos, arreglaron la mesa…

Comparto a los asistentes, el por qué soy una mujer presbitera y hablo de nuestro Movimiento.Hago la motivación para el desarrollo de la celebración.

Juan Esteban motiva y canta. Alvaro toca la organeta. Los niños Juan José y Emiliano, no nos estorban en la celebración, ellos tambien celebran.

“Purifica, oh Dios, nuestro labios y corazón para anunciar digna y honestamente tu Palabra”

Alvaro, laico, nos lee el Santo Evangelio.

Los asistentes comparten la homilía, de manera dialogada. “”Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez?” Mateo 5:13

Los niños Emiliano y Juan José traen las argollas, para bendecir y entregar a la pareja.

Sorpresa!!! “Ramiro: ayúdele, no la deje sola”. Esas argollas estaban muy bien atadas, con un nudo fuerte,  ambos tienen que unir sus habilidades para desatarlas: “ante los problemas, siempre los deben de resolver unidos”. Fue el mensaje que la Comunidad le quiso dar a Fanny y a Ramiro.

Hacemos el ofrecimiento del pan y del vino. En el momento de la consagración todos los asistentes repiten conmigo las palabras de la consagración y extienden sus manos sobre el pan y el vino. Los juguetes, los niños los han colocado en la mesa…

Ramiro, nos sorprende al final de la celebración con unas lindas canciones y seguimos cantando y celebrando la bendición del amor.

Agradezco a la Divinidad, a la familia Meneses Ramirez, a la señora Tulia, a Don Bernardo, a todos los asistentes y en especial a Juan Esteban por haberme invitado a compartir en familia esta nota de bendición de amor, que tanto se necesita en las familias.

 

*Presbitera católica romana.

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