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Archivo para junio, 2018

ARCWP-COLOMBIA.¡Santa rebeldía! Así se ordenó la primera presbítera santandereana

Bucaramanga

Martes 12 de Junio de 2018 – 11:04 AM

Su patrona es María Magdalena y están convencidas de que no existe ninguna razón divina para que las mujeres no puedan ordenarse en el sacerdocio. Por eso, el sábado pasado se ordenó a la primera mujer sacerdote santandereana.

Quienes esperan por la misa lo hacen con recogimiento. Les creen a estas mujeres. Creen en su santidad, en que lo que están haciendo es lo correcto.

(Foto: Paola Esteban/VANGUARDIA LIBERAL )

El libro del Génesis, en la Biblia, dice que todos hemos sido hechos a imagen y semejanza de Dios. Más adelante en este libro sagrado se habla de Adán y la costilla, pero en los primeros versículos, en el 1:27, reza: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.

Esta es la base teológica con la cual la Asociación de Presbíteras de Suramérica realizó el sábado pasado la ceremonia de ordenación en el sacerdocio de la exreligiosa y docente santandereana Blanca Azucena Caicedo.

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El lugar elegido fue Piedecuesta, a las 10 de la mañana, en medio del sol ardiente e intenso calor, pero en cierto modo, revestido de un halo de santidad y, a la vez, de espíritu revolucionario.

La misa fue oficiada por la Obispa Olga Lucía Álvarez Benjumea, una mujer de 76 años que  aprendió en su hogar, con sus padres, a cultivar la fe y los valores cristianos, como ella misma se describió en una carta que envió hace un año al papa Francisco.

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La Obispa quiere una sola cosa: que los jerarcas de la Iglesia Católica anulen la norma por la cual solo los hombres pueden ser ordenados como sacerdotes: “El 8 de diciembre de 1965, durante el Concilio Vaticano II, en el discurso de Clausura, la voz de Pablo VI se dejó oír diciendo: ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiera en el mundo una influencia, un peso, un poder jamás alcanzado”.

Tiene un tono de voz recio, de matrona antioqueña dispuesta a romper con tradiciones que, para las mujeres, son cadenas. Camina despacio, pero es fuerte y alegre. Cercana.

Pero han pasado 53 años desde ese anuncio del entonces Papa y la norma se mantiene vigente.

Las presbíteras esperan un cambio, pero su camino es un viacrucis.

En mayo de 2016, el Papa Francisco, en una reunión con congregaciones femeninas en el Aula Paulo VI del Vaticano, aceptó la creación de una comisión para estudiar la posibilidad del sacerdocio femenino.

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Sin embargo, en noviembre de ese mismo año, un periodista de The Guardian publicó que en el avión privado de la Santa Sede, el Papa le dijo que las mujeres jamás recibirían la aprobación para ser ordenadas como sacerdotes.

Hasta el momento solo pueden llegar a ser Diáconas, un grado anterior al sacerdocio.

Entonces, ¿qué significa la ordenación de la primera presbítera santandereana?

Un derecho sagrado

“Exigimos un derecho y vamos a demostrar que lo merecemos a través del trabajo que vamos a hacer. Con el solo hecho de que nosotras hagamos la consagración, estamos diciendo que Dios también recibe la ofrenda de la mujer”, recalca Blanca.

También tiene un tono de voz fuerte, cantado, como el de los santandereanos más cercanos a las tierras agrestes de esta región.

Está acostumbrada a trabajar con la gente, con amor, pero firme.

Sabe que le lloverán críticas de todas partes, las más fuertes, de los jerarcas de la Iglesia Católica.

Dice que la tenían en alta estima hasta este momento. Después de hoy, tiene claro que es muy posible que ese afecto se termine.

Es el único momento en que parece ponerse meditabunda, en que su tono de voz baja un nivel.

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Tiene puesta su alba de lino, el cíngulo -cordón para ceñirse el alba a la altura de la cintura-, la estola y la casulla.

Está lista para entrar a la misa.

A su lado está la médica venezolana María Teresa Martínez Maldonado, quien viajó desde Caracas para asistir a esta ceremonia: también se ordenará como presbítera.

Las dos tienen el semblante serio, están nerviosas. En las sillas blancas del salón las esperan sus amigos, estudiantes y familiares.

Hay pan, vino, ofrendas y perritos grandes que asisten como convidados de facto porque viven en la finca donde se realiza la ceremonia.

También las acompañan dos prelados de la Iglesia Anglicana: el Obispo José María González Gómez y el padre Jenaro Rodríguez, así como una mujer presbítera de las comunidades indígenas, Blanca Cecilia Santana Cortés y Lucero Arias Manco, de la Asociación de Presbíteras.

Lo que estas mujeres quieren es renovación, no más patriarcado en la Iglesia Católica, un espacio justo para ellas en el mundo religioso.

Confían en que podrán lograrlo. Lo dicen abiertamente.

“No pretendemos competir con nuestros hermanos sacerdotes, no buscamos ni altar, ni poder, ni templo o parroquia, solo usamos los ornamentos siguiendo el rito romano, en las ordenaciones y celebraciones.

Nuestro ministerio es de servicio, es pastoral y es catequético. Esto es lo que nos define, así expresamos nuestro ser como ministras dentro de la Sucesión Apostólica, no a través del poder, sino a través del servicio, la disponibilidad y el amor”: La Obispa ha hablado.

La ordenación da comienzo.

La primera sacerdotisa

Roonie Mara es la protagonista de la película María Magdalena, que se estrenó el marzo pasado.

El argumento: María Magdalena fue reconocida por Jesús como una apóstol más, que lo seguía predicando su palabra, pero los otros apóstoles, suspicaces, la apartaron para luego constituir una Iglesia regida solo por hombres (y eso que alguna vez hubo una papisa: Juana, en el siglo VIII, quien ejerció ocultando su sexo).

La historia bíblica dice que María Magdalena recibió el llamado de su fe y lo tomó, pero fue  apartada.

Blanca tomó también este llamado, pero no permitirá ser apartada.

Nació en Charta, a dos mil metros sobre el nivel del mar.

Tan lejos que su mamá no pudo acompañarla en la ceremonia porque para bajar desde su casa hasta el pueblo es necesario montarse a caballo.

Durante 17 años, Blanca fue misionera teresita. Se retiró en 2011: “A mí siempre me llamó la atención esa vaina. Estuve 15 años en comunidades indígenas, entonces uno ve la iglesia desde otro mundo, la formación es completamente diferente a la de una hermana de la ciudad”.

La diferencia radica en que para las comunidades indígenas las mujeres que evangelizan lo son todo: guías, consejeras y quienes resuelven los problemas.

Las monjitas son la única autoridad.

De niña, Blanca envió una carta para que la aceptaran en la comunidad religiosa.

Tenía 16 años.

La formación de una monja incluye teología, cristología, misionología y oficios varios.

Les dicen que el sacerdote es su máximo jerarca, que hay que respetarlo y ser agradable con él.

Pero como Blanca se fue a evangelizar, se vio con una mayor libertad de acción: “Estaba de tú a tú con el sacerdote.

Vivía más una hermandad con ellos. Y ellos comprenden que el papel de la mujer en la Iglesia es valioso”.

Luego de casi dos décadas, una crisis familiar la obligó a Blanca a renunciar a su vida religiosa.

Estaba a punto de irse a África, ya estaba aprendiendo inglés.

El sueño de todo misionero es viajar a ese continente,  dice Blanca.

Pero, “de nada sirve hacer obras de misericordia allá y en la casa nada”.

Sus votos eran perpetuos.

Estaba asegurada como misionera para toda la eternidad.

Pero la vida la tenía destinada para otros ministerios.

En su corazón sonaba el llamado al sacerdocio.

La ordenación

El teólogo Bernard Lambert señala que aunque existe el sacerdocio femenino en la Iglesia Católica Anglicana, esto constituye un quiebre para la Iglesia Católica.

Blanca está excomulgada: “injustamente”, aclara. Llegada la hora de tomar “el cuerpo y la sangre de Jesús”, ya la ordenación se ha dado: tiene varias fases.

Lo primero es una imposición de manos por parte de todos los asistentes a la misa. Ya se han postrado en el suelo como parte del ritual.

No ante la Obispa, dice ella, sino ante Dios.

Luego dan la comunión.

En todo es similar a una misa tradicional, la diferencia es que en el momento de la paz, se ofrece un abrazo y no la mano.

Están emocionadas: llegó la hora.

La Obispa levanta las manos de las nuevas presbíteras.

Es un logro para ellas.

Luego, se abrazan todos para celebrar.

Les sigue un almuerzo y una serenata.

Las alumnas de Blanca la abrazan.

Algunas personas que buscaron ayuda en la Fundación Esperanza, donde antes trabajó Blanca y en la Arquidiócesis de Bucaramanga, donde también colaboró, le preguntan a uno de los curas anglicanos si están casados.

Ellos dicen que sí.

Que cómo van a liderar una comunidad si no lideran su propia casa.

Blanca sonríe, corre de arriba a abajo como un día normal.

Pero no lo es.

Ha hecho Historia en el departamento.

Y ella lo sabe.

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Publicada por: PAOLA ESTEBAN C.

http://m.vanguardia.com/area-metropolitana/bucaramanga/435684-santa-rebeldia-asi-se-ordeno-la-primera-presbitera-santanderea

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ARCWP: REFLEXIONANDO SOBRE NUESTRO MINISTERIO. Olga Lucia Alvarez Benjumea*

“¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? Mas, ¿qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido con ropas finas? Mirad, los que usan ropas finas están en los palacios de los reyes.…” Mateo 11:7-8

Cada vez que hay ordenaciones o celebraciones Eucarísticas, me estremezco de solo pensar:  la gente que nos acompaña? “Qué han salido a ver?” ¿La repetición de la repetidera?

Será que no hay Comunidad? Será que el mensaje de Cristo, sigue “como voz en el desierto?” Para qué se “ordenan hombres y mujeres”, si Cristo nunca ordenó a nadie?

Qué sabe el pueblo del papel del obispo/a en la Iglesia? Acaso es una máquina para “hacer curas”, o a caso el jefe de personal que contrata mediante la “ordenación” nuevos empleados para atender o crear negocios?

Qué poco sabemos los unos de los otros. Solo sabemos que el miedo nos domina, el temor nos paraliza. Y el solo hecho de hacernos estas preguntas muchos/as quedamos molestos.

“Estoy cansado/a”, “Somos muy pocos/as”. Se nos olvidó: “Venid a mí los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” Mateo 11:28; y este otro: “Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ello”. Mateo 18:20.

Llamativos ornamentos, cuello clerical, anillo, que se vea, flores, procesión, cantos, liturgia, homilía, ritos, me suenan a apaga luces, que  sin sentido quieren apagar la luz del Espíritu, para seguir en las mismas…

Que es que estamos haciendo eco a la tradición y cultura judía que es de donde proviene el cristianismo. Falso! Que por eso nuestra liturgia católica romana se parece a la de otras religiones, que por eso se confunde, “tiene templos, ritos y clase sacerdotal”. Son católicos/as? Son anglicanos/as?, son luteranos/as, presbiterianos/as? ortodoxos/as? etc. En todas, ellas, hay la Santa Cena…

El mensaje de Cristo, quedo ahogado por tanto clericalismo, el incienso que intoxica y enceguece, desde el momento en que el cristianismo se constituyo en religión oficial de un gobierno imperialista, en el tiempo de Constantino, (Nicea 323) su mensaje de novedad, de rebelión, quedó escondido…

¿Para qué nos hemos ordenado? Si por muchos estudios académicos, de biblia y teología que tengamos, no hemos asumido su mensaje de AUTODONACIÓN. Aquel: “Esto es mi cuerpo (pan), esta es mi sangre (vino)”; “Hagan esto en memoria mía…”

¿Donde anunciar el mensaje de Jesús? No tengo un espacio, un lugar, un templo, no tengo comunidad. Jesús tampoco, tuvo templos, los/as primeros/as cristianos/as anunciaron su Evangelio en las casas. (Hechos 4:32)

Que cada ordenación, no sea una fiesta, es invitar a vivir el “SI”del compromiso del anunciar el Evangelio, como misioneras/os dentro de la Iglesia. Ese “SI” que nos mueve, emociona, y desafía, como nos lo comunica nuestra Santa Madre Laura en “El sí del alma”.

Me entrego, me doy, en el que sufre, violación y abuso sexual, en el que esta solo/a, abandonado/a, en que sufre la violencia e injusticia, en el desplazado/a, en el inmigrante, el marginado, despreciado por su color, orientación sexual, o por pensar distinto.

 

BIBLIOGRAFÍA:

Javier Garrido: El don incomparable. Ed. Verbo Divino. 2018

*Presbitera católica romana.

COLOMBIA.PIEDECUESTA,SANTANDER SUR: HOMILÍA EN LAS ORDENACIONES DE LAS PRESBITERAS BLANCA AZUCENA CAICEDO Y MARIA TERESA MARTINEZ MALDONADO. Olga Lucia Alvarez Benjumea ARCWP.

                             

PIEDECUESTA, 2 JUNIO 2018

HOMILÍA

 

Querida Comunidad, hermanas/os:

Es para nuestro Movimiento ARCWP (Asociación de Presbíteras Católicas Romanas), un gran gozo y alegría compartir con todos ustedes, la celebración a la orden del presbiterado de nuestras hermanas Blanca Azucena y María Teresa. Ellas son dos mujeres valientes, y pioneras que vienen a sumarse, a través de su entrega y compromiso, al servicio de la Iglesia, inmersas en el Pueblo de Dios, al cuidado de los más pobres y necesitados.

La una como docente (colombiana), cercana a sus alumnos y compañeros, y la otra como médica(venezolana), atendiendo a sus pacientes, ambas ex religiosas, con experiencia en pastoral misionera y con buena y sólida formación religiosa.

Para quienes no nos conocen, me permito hacer una breve reseña de nuestro Movimiento. El Movimiento como tal, nació en El Danubio, (2002) con la celebración de Ordenación de las primeras 7 compañeras en aguas internacionales, para que no tuviera que ver con Diócesis alguna, en señal de que el ministerio y el Evangelio que anunciamos no tiene fronteras. De manera simbólica se hizo en un barco, no como quien realiza un crucero, sino simbolizando la barca de Pedro, en fidelidad a la Iglesia.

¿Quién las ordenó? Es una pregunta que suelen hacernos. Fueron ordenadas por un obispo en plena sucesión apostólica, del cual nos reservamos su nombre, según su petición, hasta el día de su muerte.

No pretendemos competir con nuestros hermanos sacerdotes, no buscamos ni altar, ni poder, ni templo o parroquia, sólo usamos los ornamentos siguiendo el Rito Romano, en las ordenaciones y celebraciones. Nuestro ministerio es de servicio, es pastoral y es catequético. Esto es lo que nos define, así expresamos nuestro SER como ministras dentro de la Sucesión Apostólica, no a través del poder, sino a través del servicio, la disponibilidad y el amor.

Trabajamos en el anuncio del Evangelio. Esa fue la misión que Jesús encargó a nuestra Patrona, María Magdalena. No pretendemos quedarnos sólo en los ritos; nuestras Eucaristías son y han de tener un  carácter pastoral y catequético, capaces de ir generando el cambio radical en la vivencia del Evangelio, mediante la creación de comunidades cristianas cada vez más vivas y dinámicas.

Tras el Edicto de Milán, allá por el año 313, con el emperador Constantino, se produjeron muchos cambios en la Iglesia, que supusieron una mayor cercanía con el poder político. Poco a poco fueron cambiando muchas cosas en relación a lo que había sido la vivencia de las primeras comunidades cristianas. Unas fueron para bien, pero otras, bastantes, fueron para mal.

El Espíritu no ha dejado de actuar en la Iglesia y de impulsarla con su fuerza, pero a veces la tozudez humana ha cambiado ese soplo divino por soplos humanos. El Evangelio, en muchos aspectos, se fue cubriendo de polvo y en muchos momentos se distorsionó, sustituyendo el proyecto de Jesús por el proyecto de los hombres, de algunos hombres, no de todos, porque honestamente hay que reconocer que, a lo largo de los siglos, siempre se han dado movimientos, grupos, personas y formas, fieles a la radicalidad propuesta por Jesús en el seguimiento y al servicio del Reino de Dios.

No obstante, la vitalidad y la cercanía de las primeras comunidades cristianas, a nivel general, perdió fuerza y energía y ésta fue sustituida por ritos, novenas, rezos, costumbres, modos y maneras de ser y de vivir… que fueron alejando el Evangelio de la realidad más real y vital de nuestros pueblos y sus necesidades. En muchos momentos los gritos, el dolor, la impotencia ante la injusticia fueron y han sido ignorados, siendo sustituida la fe verdadera y el compromiso cristiano, por una religión de puro folklore y turismo, de hábitos y formas en las que la Buena Nueva quedó postergada, y se fueron  adormeciendo nuestra fe y nuestras conciencias.

Nos reúne en esta ocasión de manera especial la fiesta del Corpus Christi, y la ordenación al presbiterado de nuestras hermanas, lo que nos lleva de una manera profunda y comprometedora, a reflexionar y hablar de la Eucaristía.

Muchos/as de los aquí presentes, se preguntarán si por el hecho de que seamos mujeres quienes vamos a concelebrar, la Eucaristía tendrá el mismo valor que si fuesen varones quienes presidieran esta celebración.

Debemos saber y por ello lo recuerdo, que sólo hay un Único y Eterno Sacerdote, que es Jesús. Y sin entrar en ningún tema teológico o de Sagrada Escritura, tengo que decir que no importa que quién presida la Eucaristía sea varón o mujer, porque según leemos en el libro del Génesis, todos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Es decir hombres y mujeres tenemos la misma dignidad de Hijos de Dios y somos iguales, con iguales derechos y responsabilidades, porque todos recibimos un mismo bautismo que nos hace Hijos de Dios y miembros activos de la Iglesia.

En último término, debemos tener en cuenta que quién actúa en la consagración y transforma el Pan y el Vino en el Cuerpo y Sangre de Jesús, no son ni el presbítero, ni la presbítera, sino el ESPÍRITU SANTO. Por lo cual ambos, ya sean mujeres o varones, son meros instrumentos en manos de Dios, para servir a la comunidad que se reúne en su Nombre.

El compromiso y la entrega en la Eucaristía, tanto de quien preside como de los participantes, no tiene un carácter individual sino comunitario, no tiene  el tinte de actividad privada y por tanto no caben límites, muros o fronteras. La fuerza y esencia única de las palabras de la consagración, nos implican a todos y a todas, a cada uno de nosotros. “Hagan, esto en memoria mía”, es una propuesta, una petición y un desafío a asumir y vivir la vida de Cristo, su Palabra, su Testimonio, su Entrega, poco a poco en nuestra vida cotidiana, en nuestras circunstancias, en nuestros sueños y proyectos, en medio de la lucha y del sufrimiento, ayudando a otras/os a vivir en plenitud y con alegría la vida, la Justicia, la Paz y la Reconciliación.

 

Celebrar la fiesta de la Eucaristía, es aceptar la entrega, asumiendo conscientemente que nuestra vida, nuestra existencia en su totalidad, ha de vivirse como un partirse y repartirse continuamente como Jesús, dando y ofreciendo nuestra vida en abundancia y sin límites. No en vano hemos sido creadas/os a imagen y semejanza de Dios. Es Dios, aquél a quién llamamos Emmanuel, el que se hace uno en nosotros y con nosotros, hecho PAN y VINO, para hacernos capaces de transmitir la vida y la alegría de su AMOR y para que nosotros mismos podamos hacernos uno con nuestros hermanos, siguiendo su ejemplo.

 

“COMED Y BEBED” no sólo es comer y beber sin degustar y sin asimilar lo comido. Si comemos y bebemos sin discernir lo que comemos y lo que bebemos, como afirma S. Pablo en I Corintios 11:29, enfermaremos. Si la Eucaristía se queda sólo en el rito o en el signo, entonces estaremos negando el Sacramento. Participar de la Eucaristía es aceptar trascender el signo,  descubrir su significado y estar dispuestos a vivir lo que estamos celebrando, de los contrario habremos asistido a un rito más, a una misa más y tendremos ante nuestros ojos la realidad de personas que no se dejan transformar por Jesús, y comunidades, que lejos de tener vida y vida en abundancia por su unión vital con el Maestro, pierden sabor y dejan de ser sal y luz para el mundo.

 

En relación a la situación de la mujer en el cristianismo, podemos apreciar que  Jesús, aunque era judío, tuvo un trato deferente con las mujeres y se mantuvo siempre por encima de las normas de la sociedad y de la cultura judía.

En los Evangelios, se recogen muchos ejemplos de ese trato de Jesús con las mujeres, a las que siempre trata con cariño, las escucha, las busca en sus situaciones e historias, en sus dificultades y problemáticas, escuchándolas y dejándose escuchar, dejándose cuidar y tocar por ellas, restaurando sus rostros y devolviéndoles la esperanza y la dignidad de Hijas de Dios y sobre todo, haciendo de ellas testigos privilegiados de su Presencia Resucitada,  enviándolas, como a María Magdalena, a anunciar la buena y alegre noticia a los Apóstoles.

El 8 de Diciembre de 1965, durante el Concilio Vaticano II, en el discurso de Clausura, la voz de Pablo VI se deja oír diciendo:

“… llega la hora, ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder jamás alcanzado hasta ahora.

Por eso, en este momento en que la humanidad conoce una mutación tan profunda, las mujeres llenas del espíritu del Evangelio pueden ayudar tanto a que la humanidad no decaiga”.

 

Ha sido y es la fuerza del Espíritu, quien desde siempre, y hoy de manera especial, está dejando ver que hay que devolver a la mujer su papel en el anuncio del Evangelio y un papel plenamente activo dentro de la Iglesia, pues no sólo es la historia más remota dentro de las primeras comunidades cristianas, sino los numerosos documentos existentes y la propia situación de la Iglesia actual, los que resuenan como un grito clamoroso pidiendo que se  le devuelva a la mujer, lo que por una serie de circunstancias y avatares históricos le fue arrebatado, incumpliendo así el deseo de Jesús de que fueran discípulas y colaboradoras suyas en el Anuncio del Reinado de Dios, en pie de igualdad con el hombre.

 

Por ello, denunciamos y pedimos a la Jerarquía Eclesiástica que sea abolido el Canon 1024 que nos inhabilita, por ser mujeres, al  presbiterado diciendo: “Solo los hombres bautizados pueden ser ordenados”.

 

Somos Hijas de Dios por el Bautismo y no nos vamos a alejar de la Iglesia, ni a abandonar la Comunidad de Fe y Amor a la que fuimos incorporadas por el mismo. Contamos con la fuerza de Dios, que se nos entrega a través de su Espíritu y nos basamos en el testimonio bíblico teológico de las primeras comunidades cristianas, en las leyes y normas del Concilio Vaticano II (1965) , en los Documentos de Melgar, Medellín(1968),  Puebla (1979) y Aparecida, donde los Santos Padres de una u otra forma expresaron:

“La mujer sufre una doble opresión, por ser pobre y por ser mujer” y esta opresión tiene que ver con la cultura patriarcal del Continente, y en general, del mundo en que vivimos”.

 

Termino citando Gaudium et Spes, 9

 

“La mujer, allí donde todavía no lo ha logrado, reclama la igualdad

 

   de derecho y de hecho con el hombre”

 

 

Amén, Amén, Amén.

 

 

Piedecuesta, Junio 2 del 2018

VENEZUELA. ARCWP: ORDENACIÓN HISTÓRICA DE LA PRIMERA PRESBITERA VENEZOLANA: MARIA TERESA MARTINEZ MALDONADO. Olga Lucia Alvarez Benjumea ARCWP*

REPORTE GRÁFICO DE LA HISTÓRICA ORDENACIÓN DE LA PRIMERA PRESBITERA VENEZOLANA.

 

 “Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres”. Hechos 5:29

El consejo de Gamaliel
“Varones de Israel, tened cuidado de lo que vais a hacer con estos… Porque hace algún tiempo Teudas se levantó pretendiendo ser alguien; y un grupo como de cuatrocientos hombres se unió a él. Y fue muerto, y todos los que lo seguían fueron dispersos y reducidos a nada. Después de él, se levantó Judas de Galilea en los días del censo, y llevó mucha gente tras sí; él también pereció, y todos los que lo seguían se dispersaron. Por tanto, en este caso os digo: no tengáis nada que ver con estos… y dejadlos en paz, porque si este plan o acción es de los hombres, perecerá; pero si es de Dios, no podréis destruirlos; no sea que os halléis luchando contra Dios…… Ellos aceptaron su consejo,….salieron de la presencia del concilio, regocijándose de que hubieran sido tenidos por dignos de padecer afrenta por su Nombre. Y todos los días, en el templo y de casa en casa, no cesaban de enseñar y predicar a Jesús como el Cristo” Hechos 5:35-42.

María Teresa Martínez Maldonado, nació en la ciudad de Caracas- Venezuela el 02/11/1963, Hija de Teresa de Jesús Maldonado de Martínez y Joaquín Martínez Cabrera, siendo la mayor de cuatro hermanos.  Cursó sus estudios de primaria y bachillerato e ingresó en la Armada Venezolana iniciando estudios de Ingeniería Naval, donde tuvo el gran privilegio de conocer a una extraordinaria mujer como lo fue la Madre Teresa de Calcuta y a partir de ese momento su visión cambió de norte buscando servir y ayudar a los menos favorecidos, por lo que años después ingresa en la Congregación Hermanitas de Los Pobres de Maiquetía, ( 1era Congregación Religiosa Venezolana, cuyos fundadores son: Madre Emilia y Padre Machado), allí estuvo por espacio de 10 años, sirviendo en Ancianatos, sobre todo en el área de enfermería,  Colegios y Casa de Retiro, pero siente que ese no es su camino y en esta búsqueda inicia la carrera de Medicina en la ciudad de Caracas siempre con el deseo de servir y ayudar a los menos favorecidos de la sociedad. Se traslada al Oriente del país, específicamente en la ciudad de Maturín y Caripe del Guácharo donde recibe el título de Medicina General en la Universidad Bolivariana de Venezuela e inmediatamente comienza el Postgrado de Especialista en Medicina General o Médico de Familia en el Instituto de Altos Estudios Dr. Arnoldo Gabaldon,   ejerciendo luego por espacio de 12 años entre comunidades de extrema pobreza y comunidades indígenas.

 

 

 

Actualmente se encuentra ejerciendo en la emergencia del Clínico Industrial de Santa Cruz, del estado Aragua, atendiendo a comunidades q desempeñan labores agrícolas.

 

 

 

 

 

Preparandonos para la ceremonia.

Imponiendo las manos.

Nuestros hermanos anglicanos, presencia solidaria y de apoyo imponen las manos (El obispo José María González y su Vicario.

Zaida Rocio Merchan, nuestra hermana de apoyo impone las manos a Maria Teresa.

 

En el altar en la celebración de la Eucaristía.

La nueva presbitera repartiendo la comunión.

Presentando la nueva diacona ante la Comunidad presente.

Con el amigo y hermano Heliodoro Cáceres, compartiendo nuestra alegría de ser servidoras dentro de la Iglesia para el Reino de Dios.

*Presbitera católica romana.

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