Somos un Movimiento Internacional dentro de la Iglesia Católica, en la búsqueda de Justicia e igualdad para mujeres y hombres en la inclusividad según la propuesta de Jesús de Nazaret

A partir del siglo III y a través de una serie de vicisitudes históricas que afectan a la Iglesia y a los cristianos, se produjeron cambios de todo tipo que vinieron a afectar a la dirección y sentido primigenio del proyecto de Jesús de Nazareth, al menos en la forma de presentar dicho proyecto. Hay que resaltar que el mismo arameo, que era la lengua de Jesús, se perdió y por ello no conocemos cuáles fueron las palabras auténticas de Jesús en el Evangelio.
La Cena del Señor, que primitivamente fue una comida, comienza a transformarse, y poco a poco va perdiendo la forma y esencia de lo que hizo Jesús y que, en un primer momento, hicieron también las primeras comunidades cristianas. La Cena se fue convirtiendo en un rito en el que difícilmente era posible reconocer aquella cena de Jesús con sus discípul@s. Durante siglos, la Eucaristía se celebró de espaldas al pueblo y en una lengua que era ajena al modo de ser y expresarse de la gente corriente.
Sólo con la celebración del Vaticano II se plantea la necesidad de cambios profundos en los modos y formas de celebrar la Eucaristía, que dicho sea de paso, había cambiado hasta su nombre. La Cena del Señor pasó a ser denominada como Misa, y en el mejor de los  casos, Eucaristía.
Podemos así, de una manera muy somera, comprender que no nos sea extraño que de la Eucaristía no haya quedado sino un rito repetitivo.
Recordemos que Jesús, invitó a sus amigos (mujeres y hombres) a celebrar la Pascua, en aquella Cena, que para los cristianos pasaría a ser la Primera Cena con el Maestro de Nazaret, y que se celebró casi con seguridad siguiendo el rito judío.
En dicha celebración de la Pascua se recordaba y agradecía a Dios por lo vivido por el pueblo de Israel en su Éxodo de Egipto. El pasado, por duro que haya sido hay que recordarlo con alegría, y agradecimiento a Dios, porque es en esos momentos de dificultad en los que más crecemos según la imagen de Dios y maduramos, nos dignificamos y nos acercamos a Dios.
En esta celebración de la Pascua se sabe que tomaban yerbas amargas, miel de abejas, pan y vino. Cada uno de estos elementos con un profundo significado simbólico. Las yerbas amargas, significaban el sufrimiento impreso en el sabor amargo; la miel de abeja, endulzaba y suavizaba el amargo sufrimiento; la esperanza, hacia disfrutar el calor y ternura en la vida.  El pan partido y compartido entre amigos, en la comunidad, implica compartir aquellas necesidades y debilidades humanas, que tod@s de una u otra forma hemos experimentado, y es aquí, en esa experiencia donde cobran pleno sentido las palabras: “Este es mi Cuerpo, esta es mi Sangre”.
Recordar este pasado, compartirlo entre l@s amig@s y en la Comunidad, es disfrutar y generar la admiración y respeto entre herman@s, fortaleciendo los lazos de solidaridad y relaciones humanas fraternas. Por eso es una Celebración Pascual, eso es anunciar la Resurrección hasta que Él vuelva, por eso proclamamos este gran misterio y lo anunciamos.
Cada Eucaristía es una Pascua, es liberación, es un paso hacia adelante, es un cambio, es conversión, es novedad, por eso después de cada Eucaristía, no podemos seguir siendo iguales. ¿Qué nos hace falta para liberarnos y ser felices?
Para entender el valor, la fuerza y el sentido de la Eucaristía, tenemos que recuperar el mensaje de Jesús de Nazareth. ¿Cómo? Orando, reflexionando, compartiendo y actuando en comunidad. Solo así iniciando el cambio entre nosotr@s mism@s seremos capaces de cambiar, situaciones dolorosas en nuestras familias, hogares, vecinos, el edificio, unidades cerradas, el barrio, nuestros pueblos, ciudades, el país y el mundo entero.
“Aun, el hecho que todos pueden comer y beber y disfrutar el bien que resulta de todo su trabajo, es un regalo de Elohim”=Dios [23] Eclesiastés 
En referencia a lo indicado anteriormente sería bueno dedicar  un largo tiempo a leer, reflexionar y orar el texto de Pablo en 1ª. Corintios 11
“Ahora bien, con lo que ahora les voy a decir no los felicito, ya que sus reuniones les causan más daño que ayuda. En primer lugar, he oído que cuando se reúnen como iglesia, hay divisiones entre ustedes, y me temo que hasta cierto punto sea verdad. No hay duda de que habrá diferencias entre ustedes. Así es como se identifica a los que son aprobados. Cuando ustedes se reúnen, en realidad no están compartiendo la Cena del Señor, porque cada uno come sin esperar a los demás. Entonces, unos quedan con hambre, mientras otros beben hasta emborracharse. ¿Acaso no tienen casa donde comer y beber? ¿Es que menosprecian a la iglesia de Dios y quieren humillar a los que no tienen nada? ¿Qué quieren que les diga? ¿Que los felicito? Eso no merece ninguna felicitación.”
*Presbitera católica
 

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